¿Responsivo o adaptativo? Depende de tu usuario

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Las dos filosofías de diseño web en pleno debate son la adaptativa y la responsiva. La primera consiste en diseñar un layout —la plantilla visual que define el aspecto de una web— para cada tipo de pantalla. Fue introducida por Ethan Marcotte el 25 de mayo de 2010 en su artículo, ya seminal, Responsive Web Design. La segunda, automatiza este proceso y adapta las dimensiones de ese layout por sí misma, sin intervención de diseñadores o programadores. Se le debe a Aaron Gustafsoon y su libro Adaptive Web Design: Crafting Rich Experiences With Progressive Enhancement.

Pero, ¿tiene sentido este debate? Para estrategas del diseño como Alberto Barreiro —que ha liderado departamentos de experiencia de usuario en empresas como PRISA o Yahoo— se está perdiendo el foco que debería tener el diseño web. “Es un debate artificial de desarrolladores. No debería ser siquiera de diseñadores, de los buenos diseñadores. Lo que define qué se debe y qué no se debe usar en diseño es el usuario”.

Evaluar la experiencia de navegación

Esto significa que no hay una jerarquización entre responsivo y adaptativo, a pesar de que empresas como Google, por conveniencia interpretativa de sus robots de búsqueda y algoritmos, dediquen esfuerzo a promocionar el responsivo. Lo que define usar un diseño u otro está sometido a las características concretas de cada proyecto. Hay que evaluar previamente cómo va a interaccionar el usuario con una web, si hay un canal prioritario respecto a otros, si se trata de una navegación pasiva o activa…

“Al hacer esta evaluación, hay que fijarse bien en los resultados. Por ejemplo, si tu examen de la futura web te dice que los usos son similares, en cuanto a navegación e interacción, entre todos tus canales, responsivo tiene sentido. También lo tiene si tu filosofía es mobile first —es decir, que se prioriza la navegación por smartphone frente a cualquier otro tipo de dispositivo—. Ahora bien, si tus casos de uso son muy diferentes según el canal, tienes que irte a adaptativo”, subraya Barreiro.

Dónde y cómo se utiliza la web

Las diferencias fundamentales en la relación del usuario con una web tienen que ver con el dónde y el cómo la consume. Barreiro apunta a dos conceptos, lean back —estamos en una silla de oficina o en un sofá— y lean forward —el tipo de lectura que hacemos con un smartphone—. Entender el modo en el que el usuario está interaccionando es clave porque puede obligar a cambiar las extensiones de texto que se le ofrecen o las interacciones principales, en aspectos tan concretos como el diseño de un botón.

También influyen parámetros como la demografía. “Pensando en un medio de comunicación, es fácil entender que en el móvil puedes necesitar bloques de texto más pequeños con una estructura de los artículos en feed —pensados para deslizar el dedo verticalmente e ir encontrando cada contenido como en una lista—. Pero depende de a quien vaya dirigida. Si estás haciendo una revista digital para jóvenes, tiene sentido que pienses en hacerla mobile first, y por lo tanto responsive; y que tu versión de escritorio no tenga un desarrollo propio”, apunta Barreiro. Resumiendo, asumir como solución mágica la última moda del diseño no es válido. Evaluar qué necesita tu usuario en concreto es el camino a su satisfacción.

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